El Conde Orlok (Max Shreck)
Nosferatu 1922




El Conde Drácula (Bela Lugosi)
 Drácula 1931




Drácula (Cristopher Lee)
El Conde  Drácula 1970




Drácula (Gary Oldman) 
Bram Stoker´s Dracula 1992




Lestat de Lioncourt (Tom Cruise) y Louis Pointe Du Lac (Brad Pitt)
 Entrevista con un vampiro 1994




Blade (Wesley Snipes)
Blade 1998

 

 

 

Agosto 2010 -  I. R.

Que los vampiros estan de moda creo que a nadie le cabe la menor duda pero, es que ellos siempre lo estan... Lo único es que, de vez en cuando, salen de sus ataúdes para dejarse ver en la gran pantalla...
Desde Bela Lugosi el cine ha derramado litros y litros de sangre fresca. Los 80 tuvieron como ejemplo a un grupo de "jóvenes ocultos" encabezados por Keifer Sutherland.

 
 

1987 nos trajo Lost boys, un clásico del cine de terror moderno que, con el paso de los años, se convertiría en toda una pelicula de culto. 

Ese aire glamouroso y sofisticado de vampiro con chaqué fue sustituido, en esta ocasión, por la imagen de rebeldes rockeros en motocicleta. Vampiros de melenas punkies pasearon su palidez al compas de una magnífica banda sonora mucho más que imprescindible para este film. De hecho, Lost boys, no hubiera sido la cinta de culto que es hoy si no hubiera sido, en parte, por esos temas musicales que te introducen de lleno en el ambiente nocturno y "crapulesco".

Echo & the Bunnymen realizaron la versión del himno de The Doors People are stranged, título que venía al pelo, no solo por la naturaleza vampírica que poseían los malos de la historia, sino también, por la gigantesca bandera de Jim Morrison que adornaba la guarida.

 




 
 

Dirigida por Joel Schumacher, que realizó su debut cinematográfico con la Increible mujer menguante en 1981, la versión femenina del Increíble hombre menguante.

Este film tuvo gran éxito en el cine independiente norteamericano pero fue Lost Boys, Jóvenes Ocultos, la película que le encumbró a la fama.


Después vendrían éxitos como Un día de furia, La tapadera o Tiempo de matar (estas dos últimas, novelas de John Grisman). En su haber también encontramos Batman forever y la irregular Batman y Robin sin olvidar un magnífico Fantasma de la ópera en 2004.

 
 

En 1897 Bram Stoker escribió “Drácula”, se inspiró en un personaje histórico que vivió en Valaquia, cuna de la actual Rumanía en el siglo XV, su nombre era Vlad.

Vlad fue admitido y condecorado por la orden del Dragón, una institución caballeresca que defendía la cristiandad y luchaba contra los turcos. Le honraba pertenecer a esa orden y por eso se hizo llamar Dracul, que en rumano equivale a dragón, pero también significa diablo.


Hecha la historia, hecha la leyenda y el drácula de Stoker dio rienda suelta  para crear todo tipo de historias sobre el Conde Drácula en la literatura, el cómic y el cine.

Después del conde Drácula vinieron los vampiros y, con ellos, otra tanda de relatos de seres no-muertos chupasangres. Con una naturaleza más animal que humana, muchos lucharon contra su instinto asesino e intentaron ser vampiros buenos. En el fondo, parece ser que, casi todos ponían esa media sonrisa de agradecimiento cuando se les clavaba la estaca... como si diciendo, al fin en paz.




Se alimentan sólo de sangre ya que al no estar vivos no necesitan ingerir alimentos comunes. De hecho este tipo de comida les desagrada y mucho.

Su apariencia es pálida casi translucida, seguramente un signo evidente de su vida nocturna. Ellos viven en la oscuridad porque la luz del sol les puede matar. Es cierto que, incluso, hemos visto historias donde hay vampiros negros o paseando en pleno día, toques modernos para poder ir cambiando la trama de los relatos.


Son criaturas que tiene la capacidad de desplazarse velozmente, a veces transformados en animales, como murciélagos. Pero no sólo eso, también dominan el arte de la levitación y son capaces de camuflarse entre la niebla.


Los vampiros carecen de sombra y nunca podrían ser fotografíados y reflejarse en un espejo. Y lo más importante de todo, si existieran los vampiros y no quisieras toparte con uno de ellos... nunca los invites a tu casa porque, a partir de entonces, entraran y saldran cuando quieran. De ser así, aulléntalos con mucho ajo y si no te queda otro remedio, rómpele el corazón clavándole una estaca. Soló así acabaras con él.

   

 


 
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