Ursula Andress

Para muchos la mejor chica bond de la historia. "El santánico Dr. No" de 1962 la lanzó al estrellato. Ella compartió pantalla con el primer agente 007 del cine, Sean Connery. La cadena Planter Hollywood pagó 60.000 dólares por el bikini blanco que Ursula lució en la pelicula.





Halle Berry

En 2002 James Bon vuelve al cine. En esta ocasión el papel masculino es para Pierce Brosnan. Halle interpreta a la chica bond con un bikini inspirado en el que lució Ursula Andress. Tipazo de vértigo para cortar la respiración, aunque, como decía el titulo de esta nueva entrega... mejor  "muere otro día".

 




Brigitte Bardot
Creando tendencia


Si no hubiera sido por ella, quizá el bikini de Luis Réard nunca hubiera logrado el éxito. El 3 de julio de 1946 se presentaba el traje de baño de dos piezas y la aceptación social fue casi nula. Era cosa más de ética que de estética pero el certamen de Miss Mundo de 1951 lo prohibió por considerarlo descocado y de mal gusto.

Fue una joven y atrevida Bardot la que comenzó a llevarlo. Su aparición en 1957 en la pelicula "Y Dios creó a la mujer" fue el trampolín perfecto desde donde podía lanzarse el bikini y las mujeres de la calle empezaron a querer tener uno en su armario...

 

Agosto 2010 - Irene Ripoll

Si hay un lugar donde uno puede lucir sus carnes sin prejuicios ese es la playa. Pero no siempre fue así y la evolución del bañador está directamente relacionada con las normas y la moralidad de cada época.

Hubo un tiempo en el que para meterse en el mar uno debía estar practicamente vestido, era el principio de la histora del traje de baño y desde luego, sus impulsores no imaginaban que, al final, el atuendo acabaría en una tela de unos pocos centímetros...

 

 

Dicen que fue el rey Jorge III de Inglaterra el que implantó la moda de pegarse un chapuzón allá por el siglo XVIII y convirtió lo de ir a la playa en un acto social.


Bañarse era una sana costumbre, la medicina del siglo XIX resaltaba las propiedades terapéuticas del agua del mar, tan tónica y vigorizante. Se pone de moda la talasoterapia y las playas comienzan a ser un lugar público para el descanso y el relax, algo elitista, eso sí.


1840: Se delimita las zonas de playa para hombres y mujeres que no podía estar juntos. Aparecen las primeras casetas, esas tan típicas con decorados de rayas, y es que uno no podía venir de casa con el bañador puesto.

Hasta 1914 el vestido de baño femenino era de franela y constaba de infinidad de piezas: corpiño ajustado y cuello alto, mangas hasta el codo y falda hasta la rodilla. Debajo, un pantalón abullonado, zapatillas y calcetines. En la cabeza: casquetes, bonetes, gorros con volantes y turbantes.


Era la época de una playa para clases altas, para familias pudientes que acudían con todo tipo de servicios y comodidades y acompañados por una tropa de criados, niñeras y damas de compañía.

 

Habría que esperar unos cuantos años para que la actividad playera se convirtiera en fenómeno de masas.

Tras la primera guerra mundial, con el desarrollo del ferrocarril, poder viajar a la costa se pone al alcance de la burguesía y los usuarios pasan a ser bañistas que se meten en el agua por puro placer y ya no por prescripción médica.

La playa se convierte en un lugar de esparcimiento y entretenimiento. Las casetas dejan paso a las cabañas y las cabañas a los chalets en primera linea del mar.


Los hombres comienzan a bañarse sólo con unos pantalones cortos pero las mujeres continúan usando camisones, blusones y faldas.

Hasta 1930 no aparece el primer bañador femenino con escote y unos pantalones que sólo cubren los muslos. El invento pesa nada más y nada menos que 3 kilos y era tan absorvente como una esponja. La prenda evoluciona a la par que la industria textil y cada vez se utilizan géneros más cómodos y elásticos que pudieran dar a las féminas soltura y libertad para poder moverse como pez en el agua.

 

 
La historia del bañador va unida a una fecha, 1946. Por aquellos días, el ingeniro francés Luis Réard inventa las dos piezas. Lo bautizó con el nombre de un atolón, Bikini, donde los americanos estaban realizando pruebas nucleares.

Su revolucinario traje de baño era tan explosivo o más que aquellas bombas, pero fue considerado descarado y de mal gusto.

Y el bikini se quedó perdido en un cajón hasta que con la llegada de los 60 Brigitte Bardot lo eligió para pasar sus vacaciones en las playas de Saint-Tropez y cannes. 

La rubia y sensual francesa le dio al bikini el glamour que necesitaba y las mujeres, en un intento de parecese a ella, se soltaron la melena y se pasaron a las dos piezas. Ese mismo año, aparece la Lycra, y las posibilidades de unir diseño y comodidad se hacen infinitas.

Pero aún faltaba un invento más, el traje de baño se hacía cada vez más pequeño y con menos piezas hasta llegar al monokini o topless. En 1964 un californiano crea el bañador con los pechos al aire. Diez años después las playas brasileñas de Ipanema dejan paso al tanga, el traje de baño en su mínima expresión.
 

 


 
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